Tenerife hogar de momentos cumbres

¿Qué hablar de Tenerife? ¿Por dónde comenzar? Es difícil proponerse escribir sobre este lugar sin tener una gran cantidad de recuerdos. Es complicado tratar de seleccionar una serie de imágenes dentro de mi cabeza pues, seguro ignoraré otras que serán igual de valiosas. Su valía radica en los sentidos que despierta y en las sensaciones evocadas por tan excepcionales experiencias.

Es curioso estar aquí sentado, escribiendo tras mi paso en esta isla, en principio iba a relatarles algo respecto a información básica de utilidad, pero no pude desperdiciar así tal espacio, ya que hay aspectos más importantes que debo contar de forma más personal. Me es extraño describir una isla tan bella sin antes apropiarme de mi relato y de mi vivencia. Espero, mientras relato mi estancia en este lugar, encuentren información sencilla y práctica y a su vez, mostrarles las razones por la cuales, un viaje a Tenerife puede incluso cambiarles la vida.

En primera instancia, decidí ir a este lugar con dos amigos que planeaban ir a Tenerife y pues, en vista de que recién salía yo de una leve depresión causada por una ruptura amorosa, me aventuré a buscar vuelos baratos en conjunto con mis amigos y emprendimos el viaje. Debo decir que el viaje no fue malo, viajé con Iberia, aunque ya nos habían recomendado otras aerolíneas más económicas, viajar a Tenerife no cuesta mucho.

Siguiendo con mi relato, me es inexorable mencionar lo acontecido en Playa los Roques, la cual poseía una excelente vista, una majestuosidad que achicaba tu corazón agitándolo con el sonido de las piedras agredidas por las olas del mar. Una playa como muchas en Tenerife, pero está fue diferente, porque en la inmensidad de la noche, con aquella luz brillante, yo y mis amigos decidimos caminar aventurados por algunos tragos. Decidimos explorar.

Al cabo de 20 minutos encontramos a dos mujeres solas, ambas yacían en la alfombra de arena dorada de aquella playa, al acercarnos una de ellas nos invitó a acompañarlas. Extrañados por tal petición lo hicimos al instante, recostados con dos extrañas cuyo nombre apenas recuerdo, la madrugada se hizo pequeña.

Ellas eran oriundas de la isla y de manera suspicaz una de ella se encargaba de atizar el fuego entre mi mirada y la de ella, por este motivo terminamos viéndonos al día siguiente en la Avenida de Anaga, allí habían muchos bares, no muy caros y de ambiente agradable, no muy románticos pero al menos eran cómodos en precio. Tras dos tragos y pocas palabras, hubo un lazo que se sentía firme, más firme que la hermosa calle por la cual caminamos hasta llegar a una playa nudista, fue interesante estar desnudo con una desconocida que hacía llamarse María.

Al día siguiente terminé en un cuarto pero sin ella, después de amar se fue, no sé por qué hice esto, pero fue una aventura para relatar.

Experiencias como estas, pueden darse en cualquier lado, pero si tus recuerdos tienen por fondo a Tenerife sabrás porque son tan diferentes. Cada playa es diferente y cada suspiro que sus mujeres te provocan te hacen arder desde el interior de tu alma. No encontré el amor, pero si obtuve un recuerdo que puede ser real para cualquiera en esta pequeña gran isla. Una isla que ofrece más que folclor o atracciones saturadas de turistas.

Si viajan por esta isla, recuerden explorarla para atrapar de ella la mejor de las experiencias. No es como muchos destinos, tiene algo que seguro te inspirará a escribir como yo lo hice.

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